domingo, 31 de agosto de 2014

Ira

Es de día, un día caluroso y seco. Los pocos árboles que reposan a un lado del camino están secos por el intenso sol que los hostiga día a día. La tierra se está secando poco a poco, convirtiéndose en un desierto.

Un hombre, alto, pálido y de pelo negro que le llega a la cintura, va pasando por el camino. Lleva una llave bastante grande al cuello, una llave roja y pesada.

Al llegar al fin del camino, el hombre se detiene y mira al suelo. Da unas palmadas en la rugosa arena, y murmura unas palabras que el viento se lleva lejos.

Un temblor sacude la tierra. El cielo se tiñe de rojo, y los pocos animales que pasan por allí huyen aterrorizados. Y una gigantesca puerta, de una piedra volcánica granate, emerge del suelo con un estruendo.

La puerta tiene unos diez metros de alto. Tiene grietas por todas partes, pero a pesar de eso se pueden leer algunas runas inscritas en distintas partes de la roca: Tesin, Doza, Mëarastha y Terân. Todas significan "calma"
En la puerta hay un agujero de cerradura.

El hombre de pelo negro se arranca la llave del cuello de un tirón. La encaja en el agujero de la cerradura. Y le da una vuelta, da un paso atrás, y tira de la puerta un poco, para después dar otro paso atrás y desvanecerse, como si nunca hubiera existido.

Un grito de furia desgarra el tejido del mundo. La puerta explota y se parte en pedazos, que caen muy lejos, más allá de las montañas Kere.

De la puerta emerge, lentamente, un hombre pelirrojo. Sus ojos son dos llamas carmesí. Está desnudo hasta la cintura, y en su pecho desnudo pueden leerse algunas palabras: Andan, Rethan, Hyuzsar, Heuar, Khoerat, y Kármenar. Todas significan "Ira".

En su espalda está tatuado un ojo, rojo y con una pupila lobuna. Y, de los costados de este ojo, emergen unas alas del color de la sangre.

El hombre grita otra vez, con un grito desgarrador que rompe árboles y que genera un viento fortísimo, que empuja la arena y se aleja hasta desaparecer.

El hombre se agacha y golpea el suelo. Un temblor sacude la tierra. Y entonces el hombre se aleja volando, como un ángel, pero mientras vuela, de sus alas cae sangre.

Cuidado. La Ira anda suelta por el mundo.

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