miércoles, 10 de septiembre de 2014

Táborlin el Grande

Táborlin el Grande estaba preocupado. Sabía que si lo atrapaban estaría en grandes problemas.

Corría por el denso bosque Trokkar, con su capa de ningún color rasgada y sucia. Su vela hacía tiempo que se había apagado, y su moneda estaba abollada. Sólo su espada estaba intacta, aunque algo desafilada.

Lo perseguía una de las criaturas mas viles de los Mael: un Synthar-Heidra. Estas criaturas de oscuridad, conocidos como Devoradores de Carne por los guerreros de antaño que habían peleado con ellos.

Este era uno especialmente poderoso. Tenía la forma de un gran cadáver en descomposición, llevaba una corona de fuego y sombras, y sus ojos transmitían malicia y odio. Cargaba con un gran hacha, sujetándola con una sola mano como si fuera un juguete. Con la otra lanzaba hechizos de fuego y muerte.

Táborlin llegó al borde de un gran acantilado, que se extendía casi indefinidamente hacia arriba. El Synthar-Heidra rugió detrás de él, sacudiendo árboles y haciendo temblar el suelo.

Se encontraron cara a cara. La cara de Táborlin solo reflejaba determinación, sin una pizca de temor o duda. Levantó su espada por encima de sus cabeza, al tiempo que decía:

-¡Haz temblar a mis enemigos, Escarcin!

Y todo ser viviente en dos kilómetros a la redonda escuchó un trueno, como de una avalancha después de un relámpago.

Un potente rayo de luz cegó al Mael. Se tapó los ojos, sorprendido, y cuando pudo abrirlos y ver lo que tenía delante, una espada le atravesó el estómago. Era Tábotlin, recubierto por una luz dorada. Su espada estaba electrizada.

Cuando el Mael se desvaneció en una nube de polvo, Táborlin dijo:

-Harath, en Bast... nuner thal.

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