miércoles, 24 de septiembre de 2014

Faz y Dral (Capítulo 1)

La pequeña sombra Faz caminaba (o se deslizaba) por un antiguo sendero, un sendero de héroes y reyes.

Faz era una sombra que, como a ella misma le gustaba definirse, tenía dos caras. Una era una cara risueña, pícara, y juguetona. La otra era una cara seria, sombría, y regia, que mostraba cuando era necesario.

En aquel antiguo sendero, conoció a un curioso personaje, un viajero incansable que había visto muchas cosas. Había visto los cristales flotantes de las islas Urururuoa. Había visto los viejos y ancestrales puentes de viento en el lejano país de Khárdor, al otro extremo de las montañas Encrespadas. Incluso había visto a los dragones volar por el cielo en las Guerras de la Creación.

Se llamaba Dral. Tenía el pelo negro y encrespado, casi se podría decir que era azul marino. Sus ojos eran de muchos colores, rojo, negro, verde, amarillo. Llevaba unja capa de viaje negra y morada, que envolvía un cuerpo enjuto y nervudo. Caminaba apoyándose en un bastón de fresno, aunque seguramente no lo necesitaba. Iba canturreando una canción que ya era vieja cuando el viejo Nil era joven:

Caminando por el camino,
viendo los árboles pasar, 
viendo a los pájaros montar el viento,
me doy cuenta de pronto
de mi propia mortalidad.
Y cuando quiero parar a descansar,
me apoyo en mi bastón de hueso,
y recupero viejos tiempos,
de mi antiguo y brioso pasear.

Cuando se cruzaron en el camino, a Dral no le pareció extrañarle lo más mínimo que una sombra caminara sin cuerpo que la proyectara. En aquellos tiempos y aquellos lugares, era bastante común.

Y una de las particularidades de Dral era que había días en los que solo podía hablar en verso, y además no te entendía si no le correspondías correctamente. Así que saludó de esta manera:

¡Hola!
¿A dónde vas,
tan tranquila y silenciosamente,
pequeña sombra,
si puedo preguntar?
Más si detenerte puedes,
no dudes más,
¡para junto al camino,
y tengamos un delicioso almuerzo,
que el día no apremia!

A lo que Faz respondió:

¡Hola!
¿Puedo preguntar
si eres Dral?
¿O eres acaso 
algún poeta fustrado
que ya no pudo hablar
más que en verso?
Si bien mi día no apremia,
me gustaría
cuanto antes llegar
a la capital de mi gente,
Shaderburg,
y si bien me encantaría
ese prometido almuerzo,
tarde no quiero,
a mi cita llegar.

Dral se rió, encantado, y respondió:


¡Si!
Has acertado,
puesto que Dral soy yo,
y como yo no hay otro,
mas, ¿quién sabe?
A lo mejor 
un poeta frustrado
resulto ser.
Y si a Shaderburg quieres llegar,
problema no tengo en acompañarte,
y conversación darte,
además ando buscando compañeros,
y aventuras que vivir,
así que si no tienes problema,
te acompañaré sin dilema,
y ¿quién sabe?
Si te acompaño,
después de todo lo que he caminado
¡juntos, tal vez,
encontremos aquello
que tanto habíamos deseado!

Contenta y pícara, Faz respondió:

Entonces,
si problemas no hay,
y si de todas formas hemos de caminar,
acompañarme no te impediré
y, tal vez, 
aventuras vivamos.
Así que
¿por qué no?
Caminemos juntos
a Shadeburg
y allí 
seremos,
(o quizá somos ya)
grandes amigos.

Y así empezaron las aventuras de Faz, y Dral, que durarían mucho tiempo, y que quedarían grabadas en muchas historias y cuentos infantiles de aquel pacífico reino.

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